La anemia ferropénica es la anemia más frecuente en España, entre un 4-5% de las mujeres en edad fértil presentan anemia y más de un 12% de adolescentes y lactantes sufren esta carencia de hierro. Las causas que pueden desembocar en una anemia ferropénica son múltiples.
Aporte insuficiente de hierro en la dieta
La dieta juega un papel fundamental y en este sentido unos malos hábitos alimenticios pueden favorecer la aparición de este tipo de cuadros. Una persona adulta pierde 1 mg/día de hierro, por lo que para mantener un balance estable, se deberá absorber la misma cantidad. Una dieta normal contiene de 10 a 20 mg de hierro, absorbiéndose tan solo un 10%. De ahí la alta probabilidad del balance negativo en la edad fértil de la mujer, por las pérdidas durante la menstruación, durante la infancia y en el embarazo, situaciones todas ellas en las que las necesidades aumentan, pudiendo aparecer el déficit de hierro con o sin anemia, ya que una dieta normal puede no aportar el suficiente hierro para mantener el equilibrio.
Pérdidas patológicas:
El sangrado digestivo crónico es una causa frecuente de anemia ferropénica. Este tipo de hemorragias suelen producirse por la toma de aspirinas, antiinflamatorios, corticoides, etc. Las hernias hiatales, diverticulosis, hemorroides, también son causa de hemorragias crónicas y por tanto de pérdida de hierro.
En otras ocasiones el déficit de hierro es por una mala absorción. Estos pacientes toman una dieta rica en hierro pero su organismo no lo absorbe como ocurre en pacientes con gastrectomías parciales o totales, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celíaca (causa relativamente frecuente de anemia ferropénica).
Como hemos comentado la dieta es la principal fuente de hierro. Todo el hierro del organismo proviene de la alimentación. Por eso, es necesario tomar de forma habitual alimentos ricos en hierro, para mantener un balance positivo de este mineral. Pero no todo el hierro de los alimentos es igual. El hierro presente en alimentos de origen vegetal como cereales y legumbres tiene baja biodisponibilidad (algunos alimentos como las lentejas tienen excesiva fama de riqueza en hierro). Incluso en carnes y pescados el contenido en hierro es relativamente bajo. Esto hace que en situaciones donde las necesidades están aumentadas (adolescentes, mujeres en edad fértil, lactantes) sea conveniente un aporte adicional de hierro en forma de complemento alimenticio. Estos complementos alimenticios aportan la cantidad de hierro diaria recomendada, evitando que las reservas de hierro disminuyan.
Si no se consume suficiente hierro las reservas van disminuyendo poco a poco apareciendo finalmente la anemia ferropénica, que es la manifestación clínica más frecuente de la carencia de hierro. El primer estadio del déficit de hierro será la hipoferritinemia (disminución del hierro almacenado), el segundo la ferropenia y el tercero la anemia ferropénica. El objetivo será pues, tomar complementos alimenticios que nos aporten el hierro necesario para evitar la depleción del hierro almacenado.
Ningún alimento contiene concentraciones suficientes de hierro para poder recuperar el hierro perdido en caso de estados de carencia del mismo. El tratamiento debe realizarse por vía oral con preparados de hierro y durante períodos prolongados.
En conclusión:
Para prevenir estos estados carenciales sería aconsejable la toma de un complemento alimenticio como puede ser Ferro 20 que aporta la cantidad diaria recomendada de hierro y ácido fólico, aportando vitamina C que mejora la absorción del hierro, de esta forma mantenemos nuestros depósitos de hierro en las mejores condiciones evitando una posible anemia ferropénica.
Aporte insuficiente de hierro en la dieta
La dieta juega un papel fundamental y en este sentido unos malos hábitos alimenticios pueden favorecer la aparición de este tipo de cuadros. Una persona adulta pierde 1 mg/día de hierro, por lo que para mantener un balance estable, se deberá absorber la misma cantidad. Una dieta normal contiene de 10 a 20 mg de hierro, absorbiéndose tan solo un 10%. De ahí la alta probabilidad del balance negativo en la edad fértil de la mujer, por las pérdidas durante la menstruación, durante la infancia y en el embarazo, situaciones todas ellas en las que las necesidades aumentan, pudiendo aparecer el déficit de hierro con o sin anemia, ya que una dieta normal puede no aportar el suficiente hierro para mantener el equilibrio.
Pérdidas patológicas:
El sangrado digestivo crónico es una causa frecuente de anemia ferropénica. Este tipo de hemorragias suelen producirse por la toma de aspirinas, antiinflamatorios, corticoides, etc. Las hernias hiatales, diverticulosis, hemorroides, también son causa de hemorragias crónicas y por tanto de pérdida de hierro.
En otras ocasiones el déficit de hierro es por una mala absorción. Estos pacientes toman una dieta rica en hierro pero su organismo no lo absorbe como ocurre en pacientes con gastrectomías parciales o totales, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celíaca (causa relativamente frecuente de anemia ferropénica).
Como hemos comentado la dieta es la principal fuente de hierro. Todo el hierro del organismo proviene de la alimentación. Por eso, es necesario tomar de forma habitual alimentos ricos en hierro, para mantener un balance positivo de este mineral. Pero no todo el hierro de los alimentos es igual. El hierro presente en alimentos de origen vegetal como cereales y legumbres tiene baja biodisponibilidad (algunos alimentos como las lentejas tienen excesiva fama de riqueza en hierro). Incluso en carnes y pescados el contenido en hierro es relativamente bajo. Esto hace que en situaciones donde las necesidades están aumentadas (adolescentes, mujeres en edad fértil, lactantes) sea conveniente un aporte adicional de hierro en forma de complemento alimenticio. Estos complementos alimenticios aportan la cantidad de hierro diaria recomendada, evitando que las reservas de hierro disminuyan.
Si no se consume suficiente hierro las reservas van disminuyendo poco a poco apareciendo finalmente la anemia ferropénica, que es la manifestación clínica más frecuente de la carencia de hierro. El primer estadio del déficit de hierro será la hipoferritinemia (disminución del hierro almacenado), el segundo la ferropenia y el tercero la anemia ferropénica. El objetivo será pues, tomar complementos alimenticios que nos aporten el hierro necesario para evitar la depleción del hierro almacenado.
Ningún alimento contiene concentraciones suficientes de hierro para poder recuperar el hierro perdido en caso de estados de carencia del mismo. El tratamiento debe realizarse por vía oral con preparados de hierro y durante períodos prolongados.
En conclusión:
Para prevenir estos estados carenciales sería aconsejable la toma de un complemento alimenticio como puede ser Ferro 20 que aporta la cantidad diaria recomendada de hierro y ácido fólico, aportando vitamina C que mejora la absorción del hierro, de esta forma mantenemos nuestros depósitos de hierro en las mejores condiciones evitando una posible anemia ferropénica.







